Los daños de la vacuna son reales. La salud de tu hijo debe ser lo primero!

por Senta Depuydt,
Madre, periodista y Presidenta de CDH Europa

Queridos amigos:

En estos momentos, la presión para vacunarse parece insoportable. En muchos países, la mayoría de la gente teme perder su trabajo y su reputación, y  sienten que pueden quedar excluidas de participar en la sociedad. Es muy duro, pero puede que no dure eternamente si defendemos nuestros derechos.

Si estáis pensando en tirar la toalla, muchos padres con niños dañados por la vacuna perdieron todas esas cosas y, además, su querido hijo o hija podrían haber quedado discapacitados de por vida. Así que recordad anteponer la salud de vuestros hijos a cualquier otra cosa. Mi experiencia personal como madre y periodista es la siguiente:

Mucho antes del covid, docenas de padres me dijeron:

Nuesto hijo recibió la vacuna, y esa misma noche o esa misma semana

  • tuvo mucha fiebre y/o
  • se puso a gritar como loco y/o
  • tuvo convulsiones y/o
  • se desmayó

Lo llevamos a urgencias, y en el hospital nos dijeron que ‘era normal’, y que eso significaba que ‘la vacuna estaba funcionando‘.

Unos días después, la fiebre le bajó, pero aparecieron otros síntomas

  • empezó con trastornos gastrointestinales y/o
  • insomnio
  • gritaba de dolor
  • tuvo más convulsiones

A las pocas semanas, ‘el niño empeoró’ y ya no podía

  • sostener la mirada y/o
  • caminar
  • hablar
  • relacionarse con otras personas

Después de eso, desarrolló

  • comportamientos obsesivos
  • autolesiones
  • comportamiento violento
  • actitud ausente y apatía

Al llegar a este punto, yo interrumpía a los padres y les decía: ‘creo que sé lo que vino después’

Fuiste al pediatra y te dijo que eso no tenía nada que ver con la vacuna, y que no había de qué preocuparse. Ninguno de los tratamientos que le prescribieron dio resultado. Tardaste meses en conseguir cita con un especialista que hiciera un diagnóstico. Entre tanto, tu hijo seguía empeorando. Finalmente, te dijeron que era autismo o un trastorno del desarrollo. Te dijeron que necesitaba una prueba genética (y/o psicoterapia). Probablemente era

  • el síndrome de Dravet (es lo habitual en Francia)
  • un tipo de autismo genético (intervienen 200 genes, y siempre podrán encontrar un par de ellos)
  • epilepsia de origen genético
  • trauma emocional, etc.

En todos los casos, los padres me contestaban:

Sí, exactamente. Nadie quería relacionarlo con la vacuna (trivalente, polivalente, etc.) Nos aseguraban que era ‘una coincidencia‘ que los síntomas aparecieran tras la vacuna, pero que no había ‘relación causal’. Nos despreciaban y humillaban, y amenazaban con quitarnos a nuesto hijo por ‘abuso’ o ‘negligencia’ al mencionar la vacuna. Nos callamos, por miedo a que nuestro hijo no recibiera cuidados o educación.

Os estoy diciendo esto porque he visto a mi hijo ir para atrás, dejar de mirar a los ojos y de relacionarse con los demás, dejar de hablar, mostrarse ausente, gritar todas las noches, golpearse la cabeza contra el suelo y tener convulsiones. Y porque he tenido mucha suerte y he conseguido devolverlo a la vida normal, tras años de tratamientos que nos han costado decenas de miles de euros y cientos de horas de nuestras vidas. Por desgracia, incluso con todos esos tratamientos físicos y mentales, la mayoría de los niños no consiguen recuperar su salud y sus facultades. Y les será muy difícil llevar una vida satisfactoria e independiente.

En cuanto a las valientes madres que se esfuerzan día a día por apoyarles con amor y dedicación, en su mayoría se han quedado sin trabajo, sin dinero y sin vida social. A veces no hay escuelas o centros de atención para su hijo, y en el 80% de los casos el marido se ha separado. Al final, es su propia salud la que está en juego.

En Estados Unidos, uno de cada treinta niños tiene autismo. Durante la gira que dio lugar a la película ‘Vaxxed’ (Vacunados), más de 10 000 familias acudieron a entrevistarse con el equipo y les contaron su historia. Hasta la fecha, se han recogido más de 120 000 testimonios.

Esta es la realidad oculta de las vacunas de toda la vida, que nos garantizan que son ‘seguras y efectivas’, y que tienen efectos secundarios ‘raros’…

A día de hoy y en sólo unos meses, las ‘vacunas’ contra el covid basadas en tecnologías experimentales han causado ya más muertes y daños que todas las demás vacunas juntas desde hace más de veinte años. Las decisiones insensibles de los CDC y la FDA, ‘traducidas’ por la Agencia Europea de Medicamentos y por nuestros gobiernos han causado la muerte innecesaria de jóvenes y adolescentes. En esos casos, la relación riesgo/beneficio era automáticamente negativa, porque ellos ni mueren por covid ni contagian la enfermedad.

Hemos oído decir que la ‘miocarditis no es tan grave’, pero es una lesión del corazón que dura toda la vida, y muchos pacientes mueren cinco años después.

Hace varias semanas, en Bousval (Bélgica), cerca de donde yo vivo, el hijo de una mujer que recibió la vacuna contra el covid sufrió una trombosis tres días después de nacer que le causó graves daños cerebrales. A los padres les aseguraron que ‘no podía haber sido la vacuna, que era segura y eficaz’. Los médicos se negaron a notificar el trágico accidente a nuestra base de datos de farmacovigilancia.

No me sorprende, pero sigo teniendo ganas de echarles un cubo de agua encima a todos esos médicos que han abandonado el principio elemental de precaución y se niegan a hacerse preguntas.

Todo este desastre, todas estas víctimas presentes y pasadas son la consecuencia de que haya personas que se han negado a ver la realidad para salvaguardar su carrera, su reputación, su ‘credibilidad’ y, sobre todo, su culpa inconsciente.

Según el Dr. Mike Yeadon, ex vicepresidente y jefe del equipo científico de Pfizer Global R&D, las vacunas de ARNm tienen 50 veces más probabilidades de causar la muerte de un niño que el propio virus.

No hay más que añadir.

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